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«Es difícil entender la justicia sin sentir compasión»

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«La filantropía da limosna para pagar menos impuestos o quedar bien; la responsabilidad social de las empresas no es condescendencia, sino porque toca» adela Cortina FilósofaImageLa filósofa Adela Cortina cuando recibió el premio de ensayo «Jovellanos».

Oviedo, Javier CUERVO
-Defina ciudadanía cordial.
-La que tiene en cuenta los distintos lados del corazón, lo que nos constituye: la inteligencia -cultivada por la educación-, el sentimiento -más descuidado por ésta-, el arrojo y coraje para llevar adelante la vida y la compasión.
-¿Por qué dice que el sentimiento está más descuidado?
-En la educación, el sentimiento está más descuidado. Tomo la raíz de Pascal cuando dice que «el corazón tiene razones que la razón no entiende». Cuando Pascal habla de la razón se refiere a la lógica y a la geométrica, pero también al sentimiento, y eso tiene que estar también en la educación.
-¿Se puede educar en el sentimiento?
-Sí, y nos abre mundos ignotos. Quien no tiene compasión no puede tener sentido de la justicia. Para apreciar que algo es injusto no vale sólo la razón lógica, tienes que sentir compasión.
-¿Los sentimientos no nos meten en la psicología?
-Hay que recurrir a distintos saberes: la psicología es importante y tiene mucho que ver con la ética. «Ethos» es la forja del carácter, la estimación y degustación de los valores.
-¿Cuáles son los distintos lados del corazón?

-El interés, reconocer lo que más nos interesa. Los sentimientos, los propios y los sociales. La autonomía en el sentido kantiano, que cada quien sea dueño de su propia vida. La capacidad de estimar los valores y reconocernos unos a otros como personas, imprescindible en una sociedad llena de mensajes individualistas.
-¿Por qué ha escogido el corazón para denominar todo?
-Para muchas tradiciones el corazón es el núcleo de las personas. «No tiene corazón» el malvado, el cegato cordial, no el que no sabe argumentar. En mi diccionario de latín «cor, cordis» significaba inteligencia, afecto, sentimiento y coraje. Componentes inseparables: cuando hay sólo sentimiento se acaba como en los programas del corazón de televisión, insultándose, pero sólo hay sentido de la justicia con sentimientos, si se siente compasión.
-La «compasión» suena más optativa que la justicia.
-Lo justo es entender lo que corresponde a cada uno. Si no, se tiende a entender que lo justo es lo que nos beneficia, a la persona o al grupo. La compasión entiende lo que conviene a todos y, sobre todo, a los más vulnerables.
-Defina compasión.
-Es com-padecer. Padecer el sufrimiento y la alegría de otros. Tenemos una idea del «Pathos» muy deprimente, como si sólo fuera sufrir, pero también es alegrarse. El que entra en un campo de concentración y piensa métodos para eliminar a las personas no tiene compasión. El egoísta tampoco se alegra con los otros. Ninguno de los dos se interesará por la justicia o la solidaridad. Te solidarizas con algo valioso, que tiene un valor como el tuyo, que merece la pena. Si no, sólo podrás hacerlo con tu grupo, sea la familia, sean los amigos y lo demás no te importará nada.
-Oímos la palabra «compasión» en el mundo anglosajón para definir las formas más vistosas de filantropía. Al estar vinculada a negocios deja la duda de si son fundaciones para ahorrar impuestos, mejorar imagen, convertir en poder real sus beneficios...
-Soy directora de la Fundación para la Ética de los Negocios y las Organizaciones (Etnor) y le hemos dado muchas vueltas a ese asunto y trabajamos más en la línea de la responsabilidad social de las empresas. Las organizaciones filantrópicas tienen conciencia de dar dinero como limosna, pagar menos impuestos o quedar bien. La responsabilidad social de las empresas parte de que su actividad debe tener en cuenta a todos los afectados, a los trabajadores, a los accionistas, a los clientes y también el lugar en el que está radicada, y si es un país del Tercer Mundo acabar con la malaria o con la guerra.
-¿Es más cara la filantropía o la responsabilidad social?
-No es la cuestión. Las actitudes son importantes y la responsabilidad social no se hace por condescendencia, sino porque toca. La responsabilidad social está muy trabajada en la UE.
-Usted ha dicho que «la ética vende». Explíquese.
-Sí, es rentable por muy distintos motivos. La empresa que funciona éticamente tiene en cuenta a todos los afectados, luego en su plan estratégico están también los intereses de los otros para satisfacerlos mejor. La responsabilidad social de las empresas es un instrumento de gestión de la empresa, una medida de prudencia -prefiere tener cómplices que enemigos- y una exigencia de justicia. Cuando una empresa asume su responsabilidad es más fácil que venda. La responsabilidad social se aplica a todo: a la universidad, al gobierno, a las administraciones públicas...
-Aplíquela a la actualidad. Wolfowitz y el Banco Mundial.
-Permita que no me meta en ese lío por falta de datos.
-Respuesta filosófica: falta de tiempo ante el exceso de información frente a los clásicos, que tenían mucho tiempo y poca información.
-Es que estamos desbordados. Leo dos periódicos cada día, durante una hora, e intento que sean de distinta tendencia para hacerme una mejor composición de lugar. Manejar distintas fuentes nos hace más autónomos.
-¿Cuánto reflexiona?
-Los médicos dicen que andar es muy bueno. Mientras ando, reflexiono.
-Usted ha dicho que un desafío del siglo XXI es lograr que la gente con poder tenga ética. ¿No hay manera de que la gente con ética tenga poder?
-Es difícil. Cuando se asciende se suele olvidar la ética para aceptar componendas que están alrededor del poder. El desafío es repartir mejor el poder, que más gente administre una parte.
-Pues tiende a concentrarse.
-Y es muy malo porque la democracia tiene que ampliarlo y profundizarlo para que el XXI sea el siglo de los ciudadanos: que tengan su criterio, transmitan sus opiniones y que éstas vayan al orden del día de los parlamentos. También está el desafío muy bonito del poder comunicativo, que no sea sólo el de la violencia.
-¿Lo ve posible?
-Han pasado algunos años desde que hice la carrera, pero no era en la Edad Media. Entonces se hablaba del primer objetor de conciencia y nos sonaba rarísimo que alguien alegara eso y no quisiera hacer la mili. Hoy ni siquiera hay servicio militar obligatorio. El voto de las mujeres ha llevado algo más de tiempo. En el curso de mi vida he visto cambiar cosas que me parecían impensables, y se logra poniendo manos a la obra, no esperando que el tiempo lo arregle. La democracia es el régimen del pueblo. Me gusta la expresión «empoderar a la gente», que tenga poder para hacer su vida, no que haya más políticos, sino que los ciudadanos intervengan más.
-La crispación española.
-Hay que pedir a los partidos que piensen en la gente. España tiene muchas posibilidades y un gran capital ético. Por seguir con el corazón, la concordia es grande y la discordia destruye lazos que luego son difíciles de reconstruir. En España hay problemas, pero no hay razones para esa crispación.
-Dicen que la estrategia detrás de la crispación es que la gente participe menos.

-No creo. Sí veo que no se habla de proyectos atractivos, sino de descalificaciones, se siembra cizaña y no se construye futuro.
-Con el corazón en la mano, dé la respuesta cordial al caso del etarra De Juana Chaos.
-Ha sido un chantaje que hiciera la huelga de hambre, y el Estado no debía ceder. Ahora hay varios casos más de huelga de hambre. Una persona en una institución penitenciaria tiene que ser alimentada. Ejercer el poder siempre tiene consecuencias.

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