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Aumentan los usuarios de Cáritas en BCN por la crisis de la construcción

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ImageUn momento de la reunión celebrada el pasado miércoles en la oficina de Cáritas de Cornellà con trabajadores de la construcción en paro. Foto: FERRAN NADEU ROSA MARI SANZ BARCELONA

• La oenegé ya ha atendido este año a un 15% más de pobres que durante el primer semestre del 2007

• La entidad detecta un volumen notable de mujeres marroquís que buscan trabajo por primera vez

El número de personas que llaman a las puertas de Cáritas cada vez es mayor. De hecho, es una cifra que aumenta anualmente, incluso durante las épocas, ya pasadas, de crecimiento económico.

Pero este 2008 lleva camino de superar todos los años anteriores.

 

Hasta mayo, la diócesis de Barcelona ya había atendido a 7.775 pobres, 1.200 más que de enero a junio del 2007, el 15% de los cuales se han dirigido a sus oficinas de atención para pedir ayuda tras la debacle de la construcción.

El principal incremento, alerta la entidad, se está produciendo en este segundo trimestre, con lo que Cáritas ya trabaja para adaptar sus recursos a las nuevas necesidades.

Como la petición de trabajo, por primera vez, de un volumen importante de mujeres marroquís que se acercan a sus oficinas para demandar empleos de limpieza o cuidado de ancianos o niños, una labor habitual de la población latinoamericana.

Porque llámese crisis o desaceleración, el actual panorama está empujando a la pobreza a ciudadanos que nunca habían recurrido a pedir ayudas o habían levantado cabeza y ahora vuelven a pasar penurias. El precio de la vivienda y el paro son las principales causas.

Y la cifra de desempleados crece a diario, sobre todo por la caída del sector de la construcción, que se ha llevado el único sueldo de muchas familias, una parte importante de las cuales son inmigrantes que ya no viven del ladrillo. Y estos son los principales atendidos por Cáritas, que ha tenido que reforzar sus grupos de apoyo.

REUNIONES DE OBREROS EN PARO Un claro ejemplo es su oficina de Cornellà. Allí, donde antes se llevaban a cabo entrevistas individuales, ahora hay sesiones grupales cada semana. Los miércoles. Este último, no se cabía. Todos hombres, inmigrantes, trabajadores de la construcción y en paro. Muchos, con dificultades para recolocarse por no tener papeles; quizá por ello, la mayoría prefirió no identificarse.

Como un joven colombiano de 28 años que iba por primera vez a la reunión, en la que les guían hacia empresas o iniciativas donde poder encontrar empleo.

Él, arquitecto, llegó a Barcelona hace dos años para ampliar sus estudios. "Me matriculé en la UPC en un curso de restauración de monumentos pero al final no pude compaginarlo con el trabajo y tuve que dejar la universidad porque necesitaba dinero", contó. Su primer empleo aquí fue como peón de una obra, luego cuidó a un señor mayor, también trabajó en una oficina de una empresa constructora y cuando esta prescindió de sus servicios se empleó en un pequeño negocio de reformas. Hasta hace dos meses. Los que lleva en paro. "Hemos de buscar otras salidas, la construcción ha dado mucho de comer, pero esto se ha acabado", comentó en la reunión.

Lo sabe otro asistente, Maximiliano Soto, boliviano de 50 años. Llegó a Cornellà hace casi un año para reunirse con su mujer, que había emigrado antes y trabaja limpiando. Es maestro. "Vine por lo que cuentan, que encontraría trabajo, saldríamos adelante y podríamos traer a nuestros hijos", explicó. No tardó en encontrarlo en una empresa de reformas. "La dificultad añadida es que a veces he trabajado algunos meses, en la construcción o como transportista, y luego ni me han pagado. Ahora ya ni eso --continuó--. Llevo desde Navidad sin cobrar. Se me acaban las posibilidades".

MÁS DEPRESIONES Y apunta otro problema: la tristeza. "En mi país hemos vivido situaciones peores de crisis, pero estás con toda tu gente. Me gusta venir a estas reuniones, no solo por la posibilidad de salir adelante, sino porque acabas entrando en una situación muy dura de nostalgia y echas más de menos a la familia. Aquí puedo expresar mis sentimientos".

En lo que va de año, Cáritas ha detectado un aumento del 5% de peticiones de apoyo psicológico por parte de hombres que caen en depresiones al no poder hacer frente a las necesidades de sus familias.

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