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El perfil de la precariedad

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NO son excluidos sociales, pero están en peligro de llegar a serlo. Quienes perciben la Renta Básica carecen de los ingresos mínimos para desarrollar una vida normal, pero sus vidas están estructuradas, en la medida en la que lo están las del común de la población, y viven bajo un techo. Muchos, el 33%, incluso trabaja, lo que automáticamente convierte esos trabajos en precarios, pues para percibir la Renta Básica hay que demostrar que no se llega a fin de mes.

El perfil más habitual es el de la cabeza de familia monoparental que por ser mujer tiene ciertamente complicado el trabajar, cuidar de sus hijos y mantenerlos con un único sueldo. Casi el 69% de los beneficiarios son féminas, (hay muchas viudas también) y de ellas un 40% tiene hijos menores de 16 años.

Están también los inmigrantes, un grupo que principalmente desde la ilegalidad tiene serias dificultades para incorporarse al mercado de trabajo, al menos en condiciones dignas. Estos últimos suponen el 7% de los beneficiarios de la Renta Social, y forman parte del 30% de inmigrantes sin contrato que cobra las ayudas. Otro gran grupo, que como los demás coincide con el perfil de la pobreza, el siguiente escalón en el descenso a la exclusión, es el de los pensionistas. Muchos jubilados no pueden vivir con sus pensiones y han de cobrar la Renta Básica para poder mantenerse. Ellos completan otro 30% de los perceptores de estas ayudas. Por otro lado, uno de cada cuatro perceptores lleva más de seis años cobrando la prestación, y el 42,5% también recibe las Ayudas de Emergencia Social.

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