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9.000 guipuzcoanos se beneficiaron de la renta básica durante el pasado año

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AMAIA CHICO La renta básica tiene como fin cubrir las necesidades alimentarias mínimas y el 13% de los perceptores de esta ayuda son extranjeros. [NURIA GONZALEZ]

ImageEl nuevo plan de Inclusión Social del Gobierno Vasco estimará la vivienda, además de la alimentación, como necesidad básica La ayuda se incrementará hasta el salario mínimo interprofesional san sebastián. DV. Cubrir las necesidades alimenticias básicas de la población guipuzcoana. Éste es el fin principal de la renta básica que el pasado año cobraron 4.450 familias del territorio. Los números, en este caso redondos, van incrementándose «de forma sostenida» cada año, hasta alcanzar los 8.781 beneficiarios -entre titulares de la prestación y familiares a su cargo-- a quienes llega esta ayuda social, que el pasado año se situó en 585,82 euros mensuales para las unidades familiares compuestas por una sola persona.

En este ejercicio, tal y como aprobaron el pasado noviembre las Juntas Generales, esta cantidad se complementará hasta el salario mínimo interprofesional, situado en 14 pagas de 600 euros mensuales, a lo largo de este año. La directora de Inserción Social y Empleo de la Diputación foral de Gipuzkoa, Itziar Usabiaga, detalló que por cada renta básica que se concede se benefician una media de dos personas. «Es una ayuda destinada a la unidad familiar y cuya cuantía depende del número de personas que la integren». Así, aunque en 2006 más de la mitad de las unidades familiares estaban formadas por una sola persona, el tamaño medio del núcleo fue de 1,8 personas. La mayoría de ellas recurre a esta ayuda, cuya filosofía es que sea de carácter temporal, porque atraviesan un momento difícil, no por una situación estructural de pobreza.

«La condición para recibir esta ayuda es encontrarse en paro, además de estar empadronado en el territorio», explicó Usabiaga, quien aseguró que esta ayuda está orientada además a «integrar en el empleo a quien la percibe». «A las personas que se encuentran en edad laboral, se les facilita incorporarse en programas de inserción de empleo», añadió. La efectividad de ese fin último es el que se ha cuestionado recientemente en el sentido de controlar con más precisión la posibilidad real de los perceptores de lograr trabajo. «Se organizan cursos de formación orientados a dar competencias en determinadas materias en función de las necesidades del mercado», indicó Usabiaga, que aseguró «que en ellos participan más de mil personas cada año».

Vivienda, derecho básico

Si a pesar de esta política, se comprueba que los ciudadanos en condiciones de trabajar que cobran rentas básicas rechazan reiteradamente ofertas de empleo, el Gobierno Vasco anunció hace unos meses que se planteará «retirarles la ayuda». Esta vinculación entre renta básica y búsqueda de empleo, que de facto está vigente, es uno de los puntos que se quieren incluir en el texto de la nueva Ley de Garantía de Ingresos e Inclusión Social que se presentará este año, con el fin de «posibilitar una gestión más eficiente de la inclusión social». En la nueva legislación se introducirá también un nuevo e importante elemento sobre la renta básica y es que, según señaló Usabiaga, además de la alimentación, «se considerará como concepto básico la necesidad de una vivienda». Al margen de esta medida, y ante los casos de fraude en el cobro denunciados por el Ayuntamiento de Vitoria, la directora de Inserción Social y Empleo afirma que «los requisitos para adquirir la ayuda son muy claros. Para comprobar que un guipuzcoano necesita dicha subvención se cruzan hasta 27 variables con datos de ingresos...». «No tengo la sensación de que haya tanto fraude, no creo que sea una sociedad de fraude, es una población muy controlada», aseguró, «aunque eso no quiere decir que no pueda pasar». Aún y todo, recuerda que «se trata de una población con dificultades para trabajar y que los ingresos son para alimentación, pero si se dan situaciones ostentosas y se conocen, deben ser los propios ciudadanos los que lo denuncien por responsabilidad. ¡No vamos a crear un cuerpo policial!». Mujeres de 35 a 40 años La renta básica, que la mayoría de perceptores reciben durante un período de uno a tres años, se puede complementar con otras ayudas hasta el ingreso del Salario Mínimo de Inserción, indicó Usabiaga. «Incluso las personas cuya solicitud para recibir la renta básica ha sido denegada, pueden acogerse a otras subvenciones como el Fondo de Bienestar Social, destinado también a cubrir «las necesidades básicas».

El pasado año, 432 personas recibieron esta ayuda. Según la directora, en 2007 fueron denegadas 418 solicitudes, al tiempo que recordó que, durante el año «se producen importantes modificaciones del número de altas y bajas de los perceptores». El perfil de los guipuzcoanos que necesitan recurrir a estas subvenciones es, extrapolando los datos manejados del año anterior, de una mujer (69% del total), de entre 36 y 45 años (25%), nacida en Gipuzkoa (52%), soltera (43%) y sin ingresos mensuales en la unidad familiar, el 54% de ellas compuestas por una sola persona. El porcentaje de extranjeros perceptores de esta renta «no es tan alto como se puede pensar», afirma Usabiaga, «la mayoría de ellos están trabajando, vienen aquí para eso». Según los datos de 2006, sólo el 13% de los perceptores eran personas foráneas. El porcentaje de la renta básica va ligado al volumen de hogares en riesgo de pobreza, estudiados por el Consejo Económico y Social vasco. Los últimos datos (2004) reflejan que un 1,8% de los hogares, un 2,2% de la población sufre pobreza de acumulación, es decir, están inmersos en una situación estructural de ausencia de bienestar a medio plazo. El informe revela además que son los inmigrantes, las familias monoparentales, las mujeres inactivas menores de 65 años, y las mujeres desempleadas los que más padecen esta situación.

Izaskun 32 años, Hernani, «Nunca te imaginas que de un día a otro puedes acabar sin nada, en la calle»

Izaskun siempre se ha arreglado «con poco», pero nunca hubiera imaginado que ese ‘poco’ llegaría en dos ocasiones a convertirse en ‘nada’. A sus 32 años, esta vecina de Hernani dice haber aprendido la lección: «No volveré a dejar todo por ninguna persona, ante todo cuidar lo que yo y mi hija tenemos». Su historia viene marcada por el final de dos relaciones sentimentales. «La primera vez fue cuando me separé del padre de mi hija», cuenta. «Yo trabajaba sólo los fines de semana en un bar, pero me tuve que volver a casa de mi aita porque no podía pagar un piso». En esa ocasión, hace unos cinco años, fue cuando llamó a la puerta de las instituciones para pedir ayuda. «Solicité todo por mediación de una asistenta, pero aunque luego te pagan con carácter retroactivo, tienes que esperar dos o tres meses hasta recibir la primera ayuda», explica. Ella, al principio, recibió «el tope, creo que era algo menos de 600 euros». Con aquella ayuda «pude comprar dos camas, me arreglaba bien». Pero conoció a otra pareja y la historia volvió a repetirse.

«Dejé todo para ir a vivir con él, a su casa». Se quedó sin renta básica y, aunque seguía trabajando algunas horas, su sueldo no fue suficiente para pagar una casa y alimentar a su hija cuando la relación terminó. «Me pasó de nuevo, pero peor, sin saber a dónde ir». Fueron sus «maravillosas» amigas las que le echaron una mano hasta que «recibí de nuevo la ayuda» de la Diputación y el Ayuntamiento para «alquilar una casa y poder salir adelante». «Tuve que tocar fondo para darme cuenta de que tengo que ser independiente, autónoma económicamente». Desde entonces ha trabajado en un supermercado, de pintora de brocha gorda y ahora acaba de empezar en una guardería, «donde tengo contrato de un año». Izaskun, que «sin maravillas» ahora puede «pagar facturas, el alquiler y, poco a poco, ir poniendo la casa», espera que lo pasado «haya sido una racha, una etapa superada» y recuerda que cualquiera puede verse en una situación como la suya.

«No hay que ser un indigente para ser pobre, creo que hay muchas familias a las que les cuesta mucho llegar a fin de mes», afirma. «Y más desde hace unos años, porque el euro es el euro, pero los sueldos están en pesetas». Sólo aceptando que tienes que valer tanto «para un roto como para un descosido, como hago yo, que he trabajado como camarera, maquilladora, pintora, cuidando niños, enfermos... sales adelante». Para Izaskun, su sueño sería trabajar con un sueldo más alto, «pero esto es la pescadilla que se muerde la cola, si trabajo más horas o con un horario de 6 a 14 en una fábrica, ¿con quién dejo a mi hija?». Desde hace un año ve cómo «las cosas van poco a poco a mejor» sin necesidad de ayudas institucionales. Y es que «parece que si sonríes a la vida, ella te sonríe».

 

Sara 27 años, «Es necesario un trato más personal, comprobar si la situación es urgente»

A sus 29 años, Sara está contenta porque ha conseguido «una estabilidad». Es una estabilidad limitada a la renta básica que completa el sueldo que logra compaginando unas horas en dos trabajos diferentes. Pero asegura, oculta tras otro nombre, «ahora es cuando mejor estoy». Los problemas económicos de Sara, que tiene un hijo de 7 años, empezaron tras su separación, hace cinco. «Durante los trámites me quedé colgada con mi niño, sin trabajo y en una casa de alquiler». En ese momento solicitó la ayuda social, «pero el papeleo requiere mucho tiempo, unos cuatro meses», en los que se vio obligada a recurrir a la ayuda de sus padres. «El problema es que el sistema de atención es muy impersonal, y que no se tiene en cuenta la urgencia de cada caso. Yo obtuve ayuda de mi familia, si no, no hubiera podido ni pagar nada».

Desde que comenzó a cobrar la renta básica, entonces unos 600 euros mensuales, Sara se integró en un programa de inserción laboral del que no guarda buen recuerdo. «Trabajé tres años en una fábrica manipulando piezas, pero por ese trabajo apenas te aumentan un 10 ó un 15% tu prestación social, el sueldo es simbólico. Además, te sientes como atrapada ya que si rechazas el puesto, igual te quitan la ayuda», asegura. Decidió finalmente marcharse y buscar por su cuenta, en este caso, dos trabajos, uno «como recepcionista en una academia, y otro, como monitora de una jangela». Ahora, una vez firmados los papeles de separación con su ex pareja –de la que no ha recibido ninguna ayuda–, confía en recibir pronto la prestación por tener un hijo a cargo, «que hasta ahora no podía solicitar».

Con ella, espera vivir un poco más desahogada y poder dejar de «disimular» ante su hijo por no poder comprarle algo. «Antes comprar unas toallas, una cafetera o pagar una actividad extraescolar a mi hijo, como por ejemplo, una excursión, era un gasto inasumible. Ahora estamos más estables, pero aquella situación te genera una tensión psicológica que en algunos casos puede llegar a una depresión», afirma. «Hay que tener carácter y ayuda». Y hasta el momento, Sara, que ha comenzado a estudiar por las noches la carrera de Pedagogía que siempre le gustó, ha demostrado que dispone de ambas. «He realizado sobreesfuerzos para salir no sólo de unos años precarios económicamente, sino también de una situación personal de violencia, y aunque lo haya logrado, también me ha hecho ver que las ayudas se sujetan con palillos y que a veces no están cuando más la necesitas».

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