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La visita de Ban no impide que la ayuda internacional se esté vendiendo en Rangún

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El secretario general de la ONU trata de presionar con su presencia en las zonas devastadas para que la Junta Militar permita el acceso gratuito de las ayudas internacionales a la maltrecha población

ImageVarias familias permanecen en las tiendas colocadas para los desplazados por el ciclón ‘Nargis’ que azotó Birmania hace tres semanas. (Foto: Efe ).

La ayuda internacional recibida por Birmania no llega a muchos de los afectados por el ciclón Nargis puesto que parte es decomisada por las milicias progubernamentales, para luego venderla en los mercados de la antigua capital.

A plena luz del día, varios tenderetes tienen apilados sacos de arroz con el emblema de la ONU y las siglas del WFP (Programa Mundial de Alimentos, PMA), según pudo comprobar ayer Efe en Theingyi Zei, el mayor bazar de Rangún.

Otros puestos venden frutos secos y verduras en cajas que portan el sello “Ayuda del Reino de Tailandia” debajo de grandes pegatinas con imágenes de altos jerarcas de la Junta Militar, entre ellos su máximo líder, el general Than Shwe.

Mientras decenas de cooperantes extranjeros del PMA esperan en Bangkok a que las autoridades birmanas les concedan un visado para viajar a las zonas devastadas por el ciclón, donde más se les necesita, los acérrimos del régimen y los comerciantes se lucran del material de emergencia donado por la comunidad internacional.

Preguntado por la procedencia del grano, un comerciante, de origen indio, se limita a señalar su precio: 3.000 kyat por un cuenco, equivalente a unos diez dólares al cambio oficial, algo menos de 3,5 dólares en el mercado negro y casi el doble de lo que se pagaba hasta ahora que ha ‘crecido la demanda’.

Antes de que Nargis arrasara hace tres semanas el sur de Birmania, un bol de arroz, la ración diaria habitual de una familia de cinco personas, costaba 800 kyat.

Sin embargo, a los pocos días de la catástrofe, la escasez y el temor a una falta de abastecimiento duplicó su valor hasta los 1.600 kyat (1,70 dólares), pese a que cerca de la mitad de los 53 millones de birmanos subsiste con menos de un dólar al día. Y ése es el precio del cereal de peor calidad, recogido antes del ciclón o en los cultivos de la mitad norte del país, menos fértiles que el delta del río Irrawaddy. "El arroz extranjero es más caro porque es fresco, no se está pudriendo como el resto", explica una anciana que no quiso revelar su nombre por temor a los militantes de la Asociación para el Desarrollo y Solidaridad de la Unión (USDA), grupo paramilitar al que acusó de traficar con la ayuda humanitaria.

Algunos birmanos temen incluso más que a las fuerzas de seguridad a esta organización paramilitar auspiciada por el régimen, y que en 2003 mató a unas setenta personas en el ataque llevado a cabo al norte del país contra la Nobel de la Paz, Aung San Su Kyi y sus seguidores. Empleada por la junta para intimidar a opositores e informar de cualquier actitud subversiva, sus 24 millones de afiliados patrullan las calles armados con porras para golpear a estudiantes, activistas y, tras las manifestaciones a favor de la democracia del pasado septiembre, también a los monjes budistas, antaño intocables.

La mujer afirma que cada mañana, miembros de la USDA aparcan en una de las entradas del bazar sus vehículos militares, de los que descargan arroz, agua potable y mantas que han incautado al personal local de las agencias de ayuda humanitaria. "Necesitamos esa comida, pero me siento mal si la compro porque sé que otros la necesitan aún más", señala.

Desde que comenzó a llegar a cuentagotas la ayuda, las ONG aseguran que sus convoyes tienen muchas dificultades para trasladar alimentos y medicinas al delta, y denuncian que en ocasiones sus trabajadores se han visto obligados a entregar parte del cargamento al Ejército, como si de un peaje se tratara. El Gobierno lo niega y atribuye las acusaciones a "noticias dañinas y falsas" de los medios de comunicación extranjeros, que quieren "socavar la soberanía nacional" aliados con la Liga Nacional por la Democracia, liderada por Suu Kyi.

La Junta Militar insiste en seguir distribuyendo la ayuda con su propio criterio dejando así clara su escala de prioridades. En Rangún, apenas un par de policías vigilan dos cruces a ambos lados de Theingyi Zei, pero en el cercano y lujoso Hotel Traders, decenas de miembros de las fuerzas de seguridad, algunos de faena y otros de paisano, escudriñan con la mirada a cada extranjero que entra o sale.

A escasa distancia, veinte soldados duermen la siesta apoyados en sus cascos a la vez que unos chiquillos les lavan los uniformes en un riachuelo lleno de basura. "Mantengamos con el Tatmadaw (Ejército) nuestra unión fuerte ante los enemigos que están dentro y fuera", proclama en letras gigantes el mensaje en birmano e inglés de la marquesina que cuelga sobre sus cabezas, recién levantada de nuevo después de que los vientos huracanados de Nargis la arrancaran de cuajo.

Hasta ahora, al menos 78.000 personas han perdido la vida a causa del ciclón, según el último recuento oficial, aunque la ONU eleva la cifra por encima de los cien mil fallecidos y calcula dos millones y medio de afectados, a los que a menos de 500.000 les ha llegado la ayuda internacional EFE. 

Ban recorre las zonas arrasadas para que la Junta Militar permita una operación internacional de ayuda. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, recorrió ayer varias zonas de Birmania arrasadas por el paso del ciclón ‘Nargis’ para llevar “un mensaje de esperanza” a los damnificados y presionar a la Junta Militar para que permita una operación internacional a gran escala para ayudar a los 2,4 millones de afectados.

Ban fue llevado por una avenida en Rangún, la antigua capital birmana y la ciudad más importante, repleta de troncos de árboles destrozados por el ciclón y en la que los operarios seguían limpiando los escombros tres semanas después de que la tormenta dejara casi 134.000 muertos o desparecidos. “Confío en que podemos superar esta tragedia. Intento traer un mensaje de esperanza a vuestro pueblo”, declaró Ban a los administradores de la pagoda Shwedagon, el templo budista más importante del país.

“Al mismo tiempo, espero que vuestro pueblo y gobierno puedan coordinar el flujo de la ayuda para que el trabajo pueda hacerse”. de un modo más organizado y sistemático", apuntó. Ban señaló que los equipos de ayuda han podido llegar sólo a un cuarto de los necesitados tras uno de los peores ciclones que ha pasado por Asia en décadas y que ha destrozado pueblos enteros del delta del Irrawaddy.

El secretario general de la ONU, que pudo ver estas zonas en helicóptero, está intentando que la Junta Militar acepte más ayuda exterior y para apoyar una conferencia de donantes conjunta de la ONU y de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés) que tendrá lugar el próximo domingo en Rangún.

Sin embargo, los ciudadanos desconfían de que la visita de Ban pueda hacer reaccionar a la Junta. "No creo que podamos esperar mucho de esta visita porque la ONU no ha podido influir en absoluto sobre el régimen respecto a nuestra situación", lamentó el abogado Nyunt Aung. La desconfianza de los generales hacia los extranjeros es aún mayor tras la indignación y las sanciones provocadas por la represión de las manifestaciones prodemocráticas de septiembre del año pasado.

Para solucionar el problema, Ban se reunirá mañana con el máximo dirigente de la Junta, general Than Shwe, en Naypyidaw, la nueva capital construida hace pocos años a 390 kilómetros al norte de Rangún y donde los generales viven aislados del resto del país.

El Gobierno quiere más de 11.000 millones de dólares en ayuda, pero los donantes internacionales necesitan tener acceso a las zonas afectadas para poder verificar estas necesidades, explicó a Reuters el secretario general de ASEAN, Surin Pitsuwan.

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