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La lluvia y la Junta dificultan la llegada de ayuda a Myanmar

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ImageImagen cedida por la Cruz Roja que muestra a niños tomando un vaso de leche en polvo Efe MULTIMEDIA 

Se extiende el temor a graves enfermedades por la actitud del Gobierno birmano que pone trabas para que se socorra a los damnificados del Nargis Rangún / Bruselas | OTR PRESS

La tragedia en Myanmar se está cebando con los más débiles. El millón y medio de supervivientes damnificados por el ciclón Nargis se enfrentan ahora a una situación desoladora marcada por las trabas políticas impuestas por la Junta Militar a la ayuda internacional y unas lluvias que complican más aún el drama, en previsión de que puedan propagarse graves enfermedades.

Entretanto, la comunidad internacional contempla con impotencia la pasividad del Gobierno birmano, que algunos califican de «cruel» mientras otros especulan con que pueda tratarse de un crimen contra la humanidad. Desde la UE se avisa de que pueden emplearse «todos los medios» permitidos por la Carta de Naciones Unidas para hacer llegar el auxilio.

 

Los supervivientes en el delta del Irrawaddy sufrieron ayer intensas lluvias que complicaron más si cabe las labores de reparto de la ayuda para un millón y medio de personas. Sólo un reducido porcentaje de los suministros y materiales llevados por aire a Rangún han podido llegar al delta por las inundaciones y la negativa de la Junta a permitir que personal extranjero llegue incluso desde la antigua capital.

A estas trabas se añade la corrupción militar, ya que los testigos denuncian que el Ejército acapara la ayuda en Bogalay, una localidad de la región en la que se lamenta la muerte de unas 10.000 personas, un tercio de la cifra oficial y una décima parte de los cálculos de fallecidos más pesimistas.

Las lluvias perjudican especialmente a los centenares de miles de birmanos que se han quedado sin casa. «Donde estoy ahora, hay unas 10.000 personas sin hogar y está lloviendo a cántaros», lamentó la miembro de la Cruz Roja Internacional Bridget Gardener. Además, se calcula que entre 1,2 y 1,9 millones de ciudadanos del país asiático se exponen a graves enfermedades por el paso del ciclón, tales como el cólera, la disentería, la diarrea, la malaria y el dengue.

Menos ayuda de la necesaria.

Las agencias de ayuda internacionales y las ONGs reprochan al régimen militar birmano su nefasta gestión de la catástrofe, porque tan sólo llegan con cuentagotas los esfuerzos extranjeros, lo que mantiene en niveles máximos la preocupación de Naciones Unidas por la situación sobre el terreno de los damnificados.

Un ejemplo de estas presiones sobre la Junta la dio ayer el primer ministro australiano, Kevin Rudd, quien ante el Parlamento de su país, que logró enviar ayer un avión a Rangún con 31 toneladas de ayuda de emergencia, un día después de que Estados Unidos hiciese lo propio, dirigió sus acusaciones al Gobierno de Myanmar. «La respuesta del régimen a esta crisis ha sido absolutamente cruel, y los que están pagando el precio de esta crueldad están siendo los birmanos», lamentó.

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