«Un microcrédito tiene éxito si cambia la forma de pensar»
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Son pequeños propietarios agrícolas o ganaderos con escasas reses que, cuando la coyuntura es negativa, han de malvender su huerta o establo y buscar la dudosa esperanza que se refugia en los cinturones de pobreza de las grandes metrópolis. La última crisis económica argentina provocó la partida de muchos de ellos.
Leonel Roland es el máximo representante en el área austral de Oikocredit, una cooperativa de crédito dedicada a ese tipo de productores y a todos aquellos que demandan recursos, pero que carecen de acceso a la banca tradicional. «Para progresar no precisan sólo de dinero. También requieren de asistencia técnica, formación específica o, incluso de algo tan esencial como un servicio sanitario básico», alega.
La sección vasca de esta entidad le ha invitado para conocer una experiencia de treinta años en los que se han captado más de 700.000 clientes a través de proyectos colectivos. «No ocurren milagros», apunta. «Hemos hecho estudios de impacto para evaluar los resultados y no sólo se limitan a sus ingresos, sino también a la mejora global de las condiciones de vida».
Esa financiación a largo plazo supone el eje central de toda transformación social. «En Sudamérica nadie planifica a seis meses; si uno pregunta, le contestan que ni siquiera a fin de mes. Por eso el crédito siempre se condiciona a plazos muy breves». En su opinión, esa condición impide hablar de desarrollo real y, por supuesto, cambiar una mentalidad basada en la mera supervivencia.
Dinero reciclado
Roland rechaza las recetas políticas radicales y las audaces estrategias monetarias que pretenden cambios radicales. Prefiere hablar de reformas legales, como las que han propiciado en Brasil la reciente expansión de las microfinanzas. A su juicio, reciclar el dinero genera «una asociación real con el beneficiario» y, además, los adjudicatarios se reconocen a sí mismos como sujetos de confianza. «Una cosa es ser pobre y otro, un marginado», distingue.
Este economista no niega la importancia de sostener iniciativas que no originan ingresos directos, pero recalca la importancia de apuntalar las que permiten a las gentes salir por sí mismas del marasmo de la miseria. «Incluso los sectores más mezquinos de la sociedad se dan cuenta de que el desarrollo es bueno para todos», apunta.
Organizaciones como Oikocredit voltean la pirámide social en su intento de favorecer a quienes menos poseen. «Donde hay indígenas, resulta aún más difícil que consigan respaldo y nosotros les damos prioridad, como a los discapacitados y a las mujeres», indica. Además, afirma, ellas saben aprovechar mejor la ocasión. «Van más allá. Piensan en la salud, el plato y la educación».
A ese respecto, la clave para demostrar que su trabajo ha tenido éxito radica en el cambio de mentalidad. «Se advierte cuando individuos que se reinventan constamenteme para sobrevivir llegan a pensar de una manera diferente, con otra ambición».
Más información
Oikocredit
C/ Viuda de Epalza, 6 (Bilbao). 94 416 68 56
www.fiare.org/oikocredit


